Es vulnerable quien ve violentados sus derechos. Aquel al que se desampara, al que se excluye, al que se evita, aquella a la que no se considera igual, a la que se invisibiliza. Al que, por desconocido, se teme. Al que se olvida. Es vulnerable la persona con discapacidad, el anciano, el recluso, la mujer víctima de violencia de género, aquellas que viven en situación de marginación social por desempleo, por el lugar donde viven o la etnia a la que pertenecen. 

Sin embargo trabajamos con historias y ellas, como los derechos humanos, son (¿o deberían ser?) universales. No entienden de discriminación, nacen de lo que nos une y nos iguala: la más pura humanidad. 

Interés y tiempo son dos grandes ingredientes a la hora de acercarse a cualquier colectivo en riesgo de exclusión social para ahondar en torno a la palabra, los relatos de vida, las historias en general. Aproximarnos con calma y con la certeza de que las voces de esas personas cuentan. Su historia cuenta. Eso han hecho las personas colaboradoras en este boletín, a las que agradezco profundamente que hayan querido compartir aquí su trabajo. 

Comenzamos con las personas con discapacidad, uno de los grupos más vulnerables a sufrir exclusión social, y contamos con dos artículos que ponen voz a las posibilidades en lugar de a las limitaciones: