Carmen Sara entrevista a Alicia Bululú para el Boletín n.º 105 – Cuentos en cautividad, en el que se habla sobre narración oral en cárceles.

 

¿Por qué y para qué contar historias en las cárceles?

En mi caso, cuento en las cárceles a través de la Biblioteca "Blas Infante", que está en Sevilla Este y pertenece a la red de Bibliotecas Municipales Públicas. Ya anteriormente había contado en algún centro penitenciario, pero no de manera sistemática y con continuidad, que es lo más interesante de este proyecto. ¿Por qué contamos cuentos? Porque queremos unir lazos con el mundo exterior, saber que hay gente “de fuera” que sigue confiando y creyendo que la reinserción es posible. La narración oral aporta otra visión del mundo y otros lugares que habitar, sobre todo cuando la rutina es aplastante y tan difícil de sobrellevar. Les hablamos a las personas internas de que hay lugares en el exterior que les están esperando, como las bibliotecas públicas, llenas de mundos de ficción posibles de ser descubiertos. En este contexto, la palabra narrada es una “mediación lectora”, la antesala a habitar de manera simbólica, como se hace en la lectura. Pero no solo eso, es una manera de generar interacciones humanas, una manera de querer a las personas, de mecer a quienes quizás nunca nadie meció a través de las historias. No todo el mundo ha nacido con las mismas oportunidades ni pacificadoras, ni resolutivas, ni creativas y la narración de historias, la lectura, la construcción simbólica, ejercen una respuesta y una forma diferente de vida a la que han podido tener.

 

 

Uno no elige su público… así comenzó Nicolás Buenaventura la conversación que mantuvimos a través de la pantalla, él en Colombia y yo, Carmen Sara, en España, sobre las cárceles y la experiencia de contar cuentos en espacios privados de libertad. Fueron más de cincuenta minutos en los que no hubo desperdicio. Aquí he intentado transcribir lo que me contó, espero que les sea de provecho, para mí sin duda lo fue.

 

Contar cuentos en las cárceles

Uno no elige a su público. Igual que no quiero vivir en un lugar donde los gobernantes eligen a su pueblo, entiendo que es la gente la que elige qué cuentos quiere o necesita escuchar. Hay muy pocos lugares en los que me he negado a contar. Recuerdo uno, en un festival en el que me invitaron a contar en un prostíbulo, y en ese momento pensé que si alguna historia merecía ser escuchada, eran las historias de las mujeres que trabajaban allí. 

Fui a contar historias a las cárceles de La Picota y La Modelo porque un periodista quiso hacerme una entrevista en el periódico El espacio, un periódico “amarillista” (la sabiduría popular dice que si uno pone un ejemplar de El espacio en la calle, llegan los buitres, por la carroña que publica). Al principio, pensé rechazar la oferta, pero luego reflexioné que si había aceptado entrevistas en otros periódicos nacionales, por qué no iba a aceptar en este. La condición que le puse es que no cambiara ni una sola palabra, y él aceptó. A raíz de esta entrevista, vino la petición de los presos de que yo fuera a contarles cuentos a La Picota y La Modelo, ya que El espacio es el periódico que circula en las cárceles. 

Cuando era pequeño, había un compañero de clase que tenía un hermano preso (era un preso político). Me enteré porque cuando vas a la cárcel te ponen un sello en el antebrazo y a mi compañero le había quedado la marca. Cuando le pregunté qué era eso, me contó que su hermano estaba preso y le dije que quería ir con él a visitarlo. Me hice muy amigo de su hermano. Los presos políticos tienen un papel muy importante en las cárceles porque se vuelven maestros, enseñan a escribir, a leer... Él organizó para algunos presos un encuentro en el que estuve contando historias junto a algunos amigos músicos. Ese encuentro fue mi comienzo de contar en estos espacios.

Compartimos en este texto algunas de las aportaciones de Ana Juan Cantavella en la mesa redonda de la Jornada de Morella.

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¿Qué significa para ti contar?

Para mí, contar es un acto cotidiano con el que construimos una parte esencial de lo que significa ser humanos: ese envoltorio narrativo con el que aprendemos a relacionarnos con el mundo y con las posibles maneras de nombrarlo y ordenarlo.
Trabajo mucho con la primera infancia y sobre todo con agentes culturales y educativos que están cerca de ella y contar es ofrecer las voz para que ese otro ser que acaba de llegar al mundo pueda construir su propia voz. Una voz hecha de fragmentos de otras voces y en las que el cuento y el canto, las cancioncillas y las historias, son parte elemental para apropiarnos de una herramienta esencial: la lengua.
La literatura, además de ofrecer espacios de relación rica con el lenguaje, ofrece estructuras para pensarnos y para ir construyendo nuestro espacio simbólico interior (hecho de imaginarios prestados) y también para ordenar y tratar de entender el mundo que nos rodea. La oralidad, los relatos, las canciones, la prosodia de la lengua materna son actos fundacionales para los bebés en el sentido psíquico y lingüístico, y deben ser nutridos desde el inicio, ya que son tan necesarios como la nutrición alimenticia.

¿QUÉ ENTIENDES POR CONTAR?

Contar es transmitir una historia. Es seleccionar, elegir, de entre todos los relatos posibles, de entre todo lo visible, de entre los mil y un protagonistas posibles, uno. Darle espacio para que algo pueda ocurrirle, algo que tenga un sentido. En mi caso, como pintora, o como ilustradora: de entre todas las imágenes posibles, posar una, construir sus líneas, sus contornos, los contrastes, dejar el blanco como un vacío para que eso que estoy pintando, ya sea una niña, un pájaro o una montaña, tenga un lugar en el que algo pueda ocurrir.

Cuando dibujo en mis cuadernos estoy dejando constancia de la existencia de eso que pinto, de lo que tengo delante. El conjunto del cuaderno va a contar una historia que empieza en la primera página. Un cuaderno de pájaros. Un diario de maravillas. Un cuaderno de viaje a Praga.

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En el flujo de lo visible y en el flujo de nuestra existencia, algo se detiene: contar es dar tiempo a que algo pueda ser observado, escuchado, atendido. Corroborado. Eso que cuento, miro, pinto, ha existido, ya sea en la realidad, ya sea en la imaginación.

Utilizo imágenes y utilizo palabras para contar. También cuenta lo matérico: no es lo mismo contar una historia abriendo un libro que abriendo una caja de lata.

Después de mucho buscar he logrado contactar con dos narradoras que desde diferentes latitudes están desarrollando proyectos con mamás embarazadas. Son dos apuestas extranjeras: Lluvia de luna, que se gesta en Alemania de la mano de una narradora venezolana, Ariadna Sánchez Széplaki; y Mamushkas, interesante proyecto en pleno desarrollo en Argentina, a cargo de la narradora Larisa Cumin. Hemos logrado conversar con ambas para conocer un poco más de cerca sus propuestas.

Conversamos con

Ariadna Foto
Ariadna Sánchez Széplaki
Lluvia de Luna: Programa de Acompañamiento a mujeres embarazadas y familias.

¿Cómo surge la idea de trabajar con mamás embarazadas?

Esta idea nace como parte de mi andadura y formación:

Soy Licenciada en Educación preescolar con una especialización en primera infancia. Estando en la universidad me tocó realizar el servicio comunitario y mi profesora de literatura infantil, Sashenka García, nos propuso realizarlo en el Banco del Libro en Caracas-Venezuela. Allí conocí a Evelyn Torres, quien tenía un proyecto con bebés y otro con madres embarazadas.

¿Dónde encarcelamos una palabra?

¿Dónde enterramos un sonido?

Sonia Carmona entrevista a Antonio Manuel, quien nos deleita con su saber y sus investigaciones, nada es lo que parece ser, la patria es nuestra lengua; y en nuestro modo de hablar perviven fórmulas fonéticas de hace miles de años, las palabras se refugian en sonidos parecidos, se disfrazan para lanzar mensajes encriptados que con el tiempo olvidamos.

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