Biblioterapia para mayores es el nombre de un proyecto de animación a la lectura de extensión bibliotecaria organizado por la Biblioteca Municipal de Soto del Real orientado a los usuarios de las residencias de la tercera edad, hogar del pensionista y a las personas mayores del municipio con dificultades de movilidad.

Soto del Real es un pequeño municipio de la sierra de Madrid que tiene una población de 8.500 habitantes pero que alberga una notable población mayor al contar con cuatro residencias y un centro de mayores a los que pertenecen cerca de 600 personas. Por eso decidimos fijarnos en uno de los colectivos más vulnerables que existen y que en muchos casos resulta invisible a instituciones y bibliotecas.

El proyecto comenzó en 2012 con la puesta en marcha de un servicio de préstamo institucional a estos centros por parte de la biblioteca y la creación de una colección de fondos bibliográficos inclusivos (libros en letra grande, libros de lectura fácil, en lengua de signos, con pictogramas, audiolibros, audiovisuales con subtítulos y audiodescripción), pero con el tiempo el proyecto se ha consolidado y han aumentado el número de actividades: lecturas públicas en residencias, organización de actividades de animación a la lectura en residencias (recitales poéticos, obras de teatro, cuentacuentos…). También se pretende que los residentes participen en la medida de sus posibilidades en las actividades organizadas en la biblioteca. Nos hemos dado cuenta que las actividades enfocadas al público infantil (cuentacuentos, talleres, espectáculos de magia o teatro) funcionan muy bien con los abuelos. Incluimos a las residencias en la Newsletter de la biblioteca y les facilitamos la asistencia a la biblioteca.

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¿Por qué surge el programa de los mayores también cuentan?

A lo largo del último siglo la población española ha visto aumentar sus expectativas de vida de forma constante. El 25% de la población española tiene más de 65 años. Cada vez más personas llegarán a ser mayores.

Según los resultados del estudio europeo de Pfizer sobre "Envejecimiento Saludable", dos de cada tres personas de 55 o más años se sienten infravalorados por la sociedad y se encuentran cada vez más aisladas de sus familias. Además, casi un tercio de los encuestados respondieron que lo que más les gustaría cambiar en la percepción de la sociedad sobre la tercera edad es el trato condescendiente con este colectivo y dejar de ser vistos como una carga.

Envejecer es un proceso natural e innato a la vida de las personas. Una etapa más, con sus necesidades y capacidades específicas. Desde este enfoque podemos dirigir nuestras intervenciones a dos ámbitos: el personal, apoyando el crecimiento y aprendizaje de los conocimientos, actitudes y habilidades necesarios para que la persona se sienta bien consigo misma y con los demás. Y el social, facilitando entornos que les ayuden a conseguirlo.

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Si alguien puede hablar con conocimiento de causa de la relación de la gente mayor con la narración oral, ese es Celso Fernández Sanmartín. No solo porque trabajó diez años de animador sociocultural en residencias, sino también porque su material narrativo surge y va macerando a partir de sus encuentros y charlas con mayores.

Le hemos hecho tres preguntas en esta minientrevista, para complementar un magnífico artículo que escribió para el Boletín n.º 69 de AEDA, coordinado por la compañera Laura Escuela, titulado “No sé qué para qué me sirven las manos”.

Él mismo se presenta así:

“Tengo el oficio de narrador oral porque tengo una vida muy poco interesante y me asombro de las vidas ajenas, sobre todo aquellas en las que el componente físico y espacial están en épocas pre-tecnológicas, o sea, cuando la gente asumía que la vida era transitar y exponerse, cuando cualquier entorno deparaba peligro y sorpresa por igual, y donde había que valerse del lenguaje oral para relacionarse con viveza e inteligencia, con memoria.

Me encargan que hable de la voz del viejo en los cuentos y tengo la sensación de que escuchar viejas, puede ser para los que andamos en el oficio de contar historias otra de esas modas que van y vienen, una necesidad alentada más o menos por una creciente y urbana preocupación por eso que llaman el territorio vacío, vaciado o abandonado, quizá también un exotismo asociado a eso que ya no se puede encontrar, a ese tesoro perdido y en buena medida, porque las palabras de viejo son eficaces desde el punto de vista escénico, ya que llevan a gran parte del público a un lugar seguro y feliz, donde está la amorosa mano de anciana que nos acariciaba:

"Había seis puertas, la de la calle de donde se sentían los coches, los camiones y los tractores, la de la cocina de donde venía el calor y el olor a chicha, la de la habitación de la máquina de coser con sus cajas de manzanas, la de la abuela vieja, que sólo se entraba los domingos a darle un beso y a por la propina, la de las muñecas donde dormía yo, y la de ellos, la puerta de ellos no se cerraba nunca y la mía sólo si ya me había dormido, entre el armario y las muñecas andaban siempre el Sacamantecas, el Papón y el Hombre del Saco, por eso yo, cobarde, me ponía mohíno y ella se acostaba conmigo, esto era una cocha que tenía siete cochines y andaban al verde ahí, por cima del Tamaral, entre la Pajarera y la Josa, que antes había ahí una manga con dos molinos, y estaba la cocha mirando pa los cochines y llegó el lobo, ay de mí dijo la cocha, ay de mí y de mis cochines, yo me arrimaba a ella y ella me pasaba la mano por la cabeza, en el calor de mi abuela se me abrió el entendimiento de los cuentos.”

Este texto que escribí para el prólogo de “Cuentecico rematao…” una preciosa recopilación de ciento cincuenta cuentos de Iniesta, nos ubica en este primer valor que tiene el contar desde las palabras del viejo, la capacidad de devolver al que escucha, sea en corto o como público a la patria feliz de la infancia.

4. Rosa Olivera y Virginia Diebra cantadoras y contadoras de Sejas de Aliste

Rosa Olivera y Virginia Diebra, contadoras de Sejas de Aliste.

Cuando la UNESCO declaró la Tradición Oral Africana Patrimonio Intangible de la Humanidad, Amadou Ampaté Bâ pronunció aquella frase que los cuentacuentos manejamos tan a menudo: “En África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca”. Y ciertamente, ha pasado a ser nuestra carta de presentación, en muchos casos nuestro referente a la hora de explicar lo que significa ser narradora oral.

Sin embargo, cuando me piden que haga una reflexión sobre la narración y nuestros mayores, de pronto me asalta la duda. Me cuestiono si en este nuestro mundo occidental, nos hemos tomado muy en serio sólo una parte de este aforismo creado por el antropólogo malinés, y estamos a punto de perder su esencia. Me refiero a que nos hemos preocupado tanto de preservar nuestras bibliotecas del fuego del olvido, que estamos dejando que se extingan los auténticos depositarios de la memoria.

Los narradores de cuentos hemos poblado las bibliotecas, las bebetecas, las estanterías con nuestras versiones de los cuentos escuchados en los recoletos círculos de la tradición oral. Hemos trabajado mucho por poner en valor las historias guardadas en la memorial popular, macerada de boca a oreja por abuelos que contaban a sus nietos. Más tarde, esos nietos que revivían las emociones recibidas bajo el embozo de las sábanas, las contaron a nietos a los que abrigaban bajo mantas embozadas. Pero los círculos relacionales, en que los mayores tomaban la palabra en el centro del círculo familiar, en el umbral de la casa, ante el vecindario expectante, esos referentes han ido perdiendo vigencia. Ahora, en las asépticas residencias geriátricas, no hay tiempo ni lugar para crear espacios de escucha narrativa.

“Cuando escucho, tengo ventaja. Cuando hablo, la tienen los demás” Proverbio árabe.

En el año 2009 recibí el encargo de participar como cuentista en el programa Mayores por el Medio Ambiente. Un programa de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía que trabaja con personas de avanzada edad y su relación con el entorno del que forman parte.

Mi primera cuestión a resolver fue ¿qué les cuento a estas personas que tanto han vivido, tanto han experimentado, tanto han aprendido?

La respuesta vino sola, como traída por el viento. Les narraré precisamente aquello que han vivido, han experimentado y han aprendido… sus vivencias. Y para ello antes he de escucharles.

Afortunadamente no estaba solo en la tarea, el narrador Filiberto Chamorro compartía conmigo el encargo. Anduvimos por las ocho provincias andaluzas realizando el mismo juego:

1) Les invitábamos a hablar sobre sus recuerdos, sus memorias, en grupo. Incidiendo en las anécdotas y hechos llamativos de cada lugar. Mientras nos contaban historias y sucesos, una ilustradora realizaba unos dibujos en una mesa apartada de la misma sala. Basándose en lo que escuchaba.

2) Tras la escucha, la organización del evento invitaba a las personas mayores a un desayuno o merienda durante una media hora aproximadamente. Fili y yo teníamos esa media hora para componer un relato en el que se incluyeran, además, las imágenes de las ilustradoras.

Una vez al año desde AEDA abrimos un espacio y un tiempo para compartir e intercambiar saberes con profesionales de ámbitos conexos a nuestro oficio (bibliotecarias, maestros, lectores, estudiantes…); para que esto sea posible diseñamos y programamos la Jornada sobre Narración Oral y Lectura que, este año, cumplía su quinta edición bajo el título “Nuevos Tiempos, Viejos Cuentos”

Una programación de lujo que contó con las siguientes propuestas:

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