Allá por el mes de enero me ofrecí para coordinar el boletín del mes de septiembre. Cuando lo hice tenía claro que quería dedicar el boletín a la VII edición de la Escuela de Verano de AEDA que este año se iba a celebrar en Morella (Castellón).

He tenido la suerte de poder asistir a cuatro de las seis ediciones que hasta ahora se han realizado. Me perdí la primera (Ezcaray 2014) por puro desconocimiento y la del año pasado (Huesca 2019) por causas de fuerza mayor.

Las escuelas de verano de AEDA son para mí un soplo de aire fresco. Días en los que convivir, compartir, aprender y reír con compañeros y compañeras. En este oficio de contar pasamos mucho tiempo en soledad y rematar una temporada de narración compartiendo unas jornadas con amigos y amigas alrededor del cuento contado es un lujo. Durante esos días me vuelvo a encontrar con mi gremio y renuevo mis ilusiones para afrontar nuevos retos.

Para el boletín de septiembre pretendía pedir su colaboración a los profesores y profesoras invitados a la escuela de verano de AEDA de Morella. Iba a ser un boletín homenaje a la escuela de verano a modo de agradecimiento de un admirador. De repente en febrero llegó la COVID-19, en marzo el estado de alarma, en abril la comisión de AEDA que se encarga de organizar la formación se vio en la difícil tesitura de tener que cancelar lo que iba a ser la VII escuela de verano... ¡y yo me quedaba sin contenido para este boletín!

La COVID-19 nos dejó encerrados en casa y frenó en seco toda actividad en torno a la narración oral. Tras unos días de cierto ensimismamiento empezaron a surgir iniciativas en línea de narración y de formación en torno a esta.