Elisa Yagüe  

Como a todo el mundo, me gusta que me cuenten historias. Por mi formación, conozco las herramientas que se utilizan en el mundo del la crítica textual y de la literaria, por lo que después de haber hablado mucho con distintos narradores orales, empecé a hacer crítica. Críticas que en ocasiones no vieron la luz pero que yo debía escribir, y que intenté hacer llegar a los interesados.

Hacer una crítica tiene algo de desafío porque te obliga a acudir a una sesión de narración desdoblada en dos escuchadoras diferentes: la que disfruta y se deja atrapar por la magia de las palabras y la que está alerta a todos los aspectos que debe analizar para poder valorar la sesión desde un punto de vista profesional, de manera que pueda estimar objetivamente si el trabajo ha sido correcto, bueno, excelente… o un desastre.

¿Pero cómo se puede encontrar una tabla de aspectos que sirva para medir las distintas actuaciones si hay tantos estilos, modos de contar y de puesta en escena diferentes? 

En la vida, en caso de duda, no hay nada como volver a los clásicos. En este caso a los preceptistas y estudiosos del discurso: a los retóricos. Ellos ya hablaron de las distintas partes de la Retórica a la hora de analizar un discurso, y estos aspectos funcionan muy bien para analizar la narración oral. No quiero hacer un análisis exhaustivo –pues ya habrá tiempo para ello en otra ocasión– pero sí quiero al menos mencionar estas cinco partes y cómo las relaciono con la narración oral.

En primer lugar está la Inventio es decir, las historias, esas historias que no siempre funcionan en la mano de todos los narradores. Después se impone hablar de la Dispositio o el orden de los elementos del discurso, que en el caso de la narración oral nos hace plantearnos cómo se ha adaptado la historia en cuanto a su estructura y cuál es el hilo conductor de la actuación, si es que lo tiene. A continuación viene la Elocutio que se ocupa del modo en que se configuran las ideas en expresiones adecuadas y si hay claridad, belleza, enseñanza o conmoción. Entramos de lleno en el campo de las figuras retóricas, y aplicándolo a la narración oral estamos hablando de cómo un narrador hace suya y adapta una determinada historia.

La Memoria es indispensable en el quehacer de este oficio, aunque desde el punto de vista de la crítica no tiene mayor implicación. Mientras que todo lo contrario ocurre con la Actio que es en cierto modo la puesta en escena del discurso. Y este aspecto es fundamental. Hay que fijarse en la voz y riqueza de registros, pero también en la gestualidad en relación con la palabra. Además es en este aspecto donde se dan las mayores diferencias entre narradores dependiendo de los elementos extradiscursivos de los que se ayuden para narrar (objetos, instrumentos musicales, libros, dibujos, disfraces…).

Hay un par de aspectos que no están recogidos por la Retórica pero que son importantísimos en cualquier acto de narración oral: el público y el espacio. Hay muchos narradores que tienen preparada toda la actuación de antemano, pero incluso en estos casos, el espacio y sus características físicas y sobre todo el público pueden influir en el desarrollo de la contada. Eso también debe quedar reflejado en la crítica, ya que al tratarse de un acto de comunicación, público y entorno intervienen en la creación del climax y de esa atmósfera casi religiosa que acompaña a la magia de la palabra.

En cualquier caso, no hay un orden para hablar de todos estos aspectos, cada actuación es única, y única es su crítica. Habrá veces que se haga más hincapié en la capacidad de creación de personajes a través de la riqueza tonal, mientas que otras siquiera se mencione la voz. Lo importante es destacar los puntos clave para que el lector pueda hacerse una idea lo más objetiva posible de cómo transcurrió la sesión de narración.

Este es a grandes rasgos el esquema que yo utilizo, aunque a veces es difícil racionalizar las emociones y las sensaciones que despiertan una determinada actuación. Porque al final, hacer críticas es una manera de revivir el acto de contar y el placer de ese momento. Del mismo modo, a veces, leer críticas –si la crítica está bien hecha– puede transportar hasta ese momento irrepetible que estuvo lleno de magia.


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