Llorenç

Te has ido, ya no estás. ¡Pero, qué digo! ¡Claro que estás! ¿Cómo no vas a estar? Si tenemos fresca tu sonrisa y tu risa, porque nos has hecho reír hasta caer de culo con tus chistes, tus ocurrencias y tus historias. Todos hemos flipado escuchándote contar un cuento que empezaba y se iba por las ramas como una mona cocotera que parecía que no iba a bajar nunca y al final, (bueno, no siempre) bajaba y rematabas el cuento que habías empezado media hora antes y que se había convertido en otra cosa llena de anécdotas que te habían sucedido ese mismo día. Por eso eras único, tu capacidad de improvisar y hacernos reír (poniéndonos nerviosos: ¿A dónde irá?) era maravillosa.