Michel

Soy Michel, madrileño de nacimiento, manchego todos los veranos de mi infancia, logroñés de corazón y con 52 años a las espaldas los únicos recuerdos de historias son las de la guerra civil que me contaba mi abuelo Vicente. La palabra escuchada llegó a mí como suelen llegar muchas cosas importantes: por casualidad.

A mitad de los años 90, con dos hijas, Silvia y Lorena, de uno y cinco añitos, ya teníamos en casa un buen número de libros de cuentos que les leíamos y que incluso les escenificábamos. El ambiente cultural con el que nosotros teníamos contacto lo marcaban las niñas. Cerca de casa existía una cafetería llamada El Globo. En este lugar se programaba música en directo, actuaciones de magia, teatro de pequeño formato... y todo ello sobre un escenario chiquito, en un ambiente muy acogedor.

María González

Me llamo María González aunque, por cosas del destino, mis amigos han acabado por conocerme como María Solomillo... aunque esa es otra historia...

Desde pequeñita siempre he tenido una relación muy intensa y estrecha con los libros: me gusta abrirlos, tocarlos, olerlos, poseerlos, leerlos y soñar con ellos desde que tengo uso de razón. Recuerdo por ejemplo cuando tenía 6 o 7 años e íbamos el sábado a comprar al supermercado en familia. Mientras mis padres llenaban el carro, yo me sentaba en el suelo en una esquina de la sección de libros a leer una historia tras otra.

Contar cuentos en la radio debe de ser casi tan viejo como el propio artilugio. Si el acto de narrar historias de viva voz es bien antiguo, es de suponer que una vez que apareciera la radio y esta se convirtiera en el lugar de encuentro que es entre los emisores y los receptores, los cuentos contados debieron estar presentes. En nuestro país las primeras grabaciones radifónicas de cuentos realizadas a conciencia parece que datarían de inicios de la década de 1960. “Los cuentos de la radio” fue una grabación de Radio Nacional de España, con su cuadro de actores, de cuentos de hadas. En los años 70, del pasado siglo, se volvieron a grabar más cuentos, también con el elenco de Radio Nacional, y seis de ellos vieron la luz en 2007 en un CD editado por la propia cadena bajo el título de Cuentos en la radio.

Desde entonces  y hasta ahora, y quizá especialmente a partir del nuevo siglo, las grabaciones y emisiones de cuentos en la radio se han multiplicado muy significativamente, no solo en la radio pública sino también en las cadenas privadas, y por supuesto en el fenómeno Podcast, del que también me gustaría hablaros. Y creo que buena parte de ello se debe al resurgir en nuestro país de la narración oral, o tal vez a la profesionalización del oficio y encontrar en este medio, no solo un lugar donde contar cuentos, sino también una forma de ingresos. Aunque a este respecto me gustaría matizar que de los cuentistas que realizan esta labor, son pocos los que realmente perciben un dinero por ello. En muchos casos, se trata de colaboraciones que repercuten en el narrador o la narradora de otra manera; bien sea a través de publicidad o con el aprendizaje que supone contar cuentos en la radio si se hace de manera profesional.

Cuentos para acompañarnos es una actividad de voluntariado en la que un grupo de narradoras y narradores orales voluntarios de toda España llamamos cada semana por teléfono a personas de colectivos vulnerables para contarles un cuento.

Surge en el mes de abril como una forma de acompañar durante el confinamiento a las personas más afectadas. Pasados los momentos duros nos pareció que las personas vulnerables lo seguían siendo, a pesar de la supuesta mejoría de la situación, y la hemos mantenido. Seis meses después  hemos participado cerca de 50 narradores llamando a unas 80 personas semanalmente y llevaremos más de un millar de llamadas.

 

¿Cómo nace? De Rodari a la Asociación de Narradores Orales de Madrid (Mano)

El 20 de marzo estábamos confinados y todas las actividades planeadas para celebrar y difundir el Día de la narración oral se anularon. En ese momento tan difícil, Estrella Escriña, propuso realizar cuentos por teléfono emulando a Gianni Rodari. Es cierto que en otras ocasiones se han compartido cuentos por esta vía, pero en ese momento la situación era muy especial.

Estrella propuso coordinar la actividad y a ella nos sumamos Aurora Maroto y yo junto con un amplio grupo de narradores de la asociación Mano para recibir durante todo el día llamadas de quien quisiera escuchar cuentos.  La acogida que tuvo  fue maravillosa, los teléfonos  no pararon de sonar, lo que más nos sorprendió fueron las reacciones de la gente, a veces no escuchabas nada mientras contabas y cuando terminabas te decían que habían estado todos con la boca abierta hasta el final, otras volvían a llamar los mismos después de colgar en busca de nuevos cuentos, otras te llamaba alguien que vivía solo para que le acompañaras un rato.

En las primeras páginas del magnífico libro Historia del cuento traidicional, Juan José Prat Ferrer analiza las propuestas de Walter Ong y de Paul Zumthor para la clasificación de los ámbitos de comunicación humana, de ahí es de donde saco esta definición de oralidad primaria en la que ambos estudiosos coincidían.

"La oralidad primaria o pura es el entorno más antiguo en que se desarrolla el cuento. La oralidad requiere la presencia de un narrador y un público. Los elementos constituyentes del relato suelen ser memorizados y luego recreados en la actuación, donde el narrador produce un discurso que dirige a sus interlocutores, que a su vez suelen reaccionar a su discurso. Es en este entorno de la oralidad donde se produce la característica más importante de los cuentos tradicionales: su capacidad de perdurar en variantes." 

"La comunicación oral primaria es colectiva e interactiva, requiere la presencia del emisor y de receptores, que suelen interactuar con el narrador e influir en la narración que se va creando." (p. 15)

Frente a esta oralidad primaria Zumthor habla de una oralidad mixta (con influencia de los textos escritos) y de una oralidad mediatizada (en la que el público no interactúa con el narrador y cuya difusión suele realizarse a través de los medios de comunicación audiovisuales). Esta oralidad mediatizada coincide con el concepto de oralidad secundaria que desarrollaba Walter J. Ong en su imprescindible libro Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra, en él se dice: 

"llamo oralidad primaria a la oralidad de una cultura que carece de todo conocimiento de la escritura o de la impresión. Es primaria por el contraste con la oralidad secundaria de la actual cultura de alta tecnología, en la cual se mantiene una nueva oralidad mediante el teléfono, la radio, la televisión y otros aparatos electrónicos que para su existencia y funcionamiento dependen de la escritura y la impresión." (p. 20)

A veces pintamos garabatos y contamos una historia en la que la voz imita ese camino. Modulando y jugando a seguir la intensidad del trazo en el timbre y el ritmo de la línea en el tono. Otras veces resulta al revés, dibujamos el garabato que la voz parece pintar mientras habla.  Este juego de voces, aplicado al desarrollo de competencias lingüísticas en el aula, suele serme de gran utilidad cuando grabo para la radio. Mi voz es un pincel y la historia la paleta de  colores.

He tenido la suerte de crecer muy cerca de la cultura de las ondas y las frecuencias. Mi padre tenía una radio en el cuarto de matrimonio cuando yo apenas tenía cuatro años. Después fundó Risco Radio en el pueblo de Badajoz donde pasé mi primera infancia, Valdecaballeros. Más adelante, cuando volvimos a nuestro pueblo, Lora del Río, fundó la primera radio local junto con otros amigos: Radio Lora, situada curiosamente en la biblioteca del pueblo. Allí empecé el colegio. Un cole con radio escolar. Una maravilla de estudio donde podía leer mis poemas a los radioyentes. No sé sí por esa práctica, me aficioné a grabar en el instituto los temas de historia en cassettes, sumado a ello, que el negocio familiar era una discoteca, donde mi padre hacía las veces de speaker– locutor vocacional, hacía de DJ de los noventa dinamizando con sus comentarios las sesiones de baile.  He crecido así, bañada por el color de las voces. 

Sin embargo, no todo ha sido rosas en el camino. Cuando participé por primera vez contando un cuento en la radio, hace por lo menos 12 años, en nuestra querida y sevillana Radiópolis, recuerdo el agobio que me produjo tener que encajar la historia en un tiempo limitado. Demasiado limitado. Acostumbrada a las sesiones de cuentos de una hora, donde acomodaba cuentos a antojo del público, me encontraba de repente sin tiempo y sin público, además de muy nerviosa. La permanencia de la radio me da mucho respeto, el errar sin retorno, la foto auditiva. También el rango. La radio tiene un halo de importancia maravilloso, ya sea una radio de pocos medios, humilde, local, o artesana, pero tiene siempre un punto de dignidad. Cuando se abre el debate sobre si es narración oral contar cuentos virtualmente, me llama mucho la atención que la radio no suscite esas dudas.  A veces me respondo con más preguntas; ¿Será porque es un medio más antiguo y lo hemos normalizado? ¿Será porque tenemos el antiguo recuerdo de que todo lo emitido en radio es en directo, cosa que hoy en día es casi un hecho imposible e improbable? Y creo, que la respuesta puede estar también en ese halo digno del que hablaba. 

Cuando en Septiembre de 2018 nos reuníamos por primera vez presencialmente  los socios del proyecto de innovación del programa Erasmus + “Pics, Imagina tu Historia”  en la sede del Storytelling Center en Amsterdam, los vínculos emocionales entre nosotros eran aún incipientes.  En una misma habitación nos reuníamos unas chicas jovencísimas de Estonia, Kristi y Karolina; Irena y Marjan, dos profesores de Macedonia del Norte (que por aquel entonces aún era “simplemente” Macedonia); Diana y Raimondas, dos profesores lituanos de la Universidad SMK; Mike y Nesrien, dos investigadores de la Universidad de Amsterdam, la HvA; Arjen, Erma, Adriana,… el personal del Storytelling Center y dos de las personas más altas que he conocido jamás, los herrmanos Janssen. ¡Todos tan distintos! Pero todos con un objetivo común: diseñar una caja de herramientas, una metodología, que combinase técnicas de narración oral e imágenes y que fuese útil para narradores, trabajadores de juventud, animadores socioculturales y cualquier persona que quisiera contribuir  a establecer vínculos  entre jóvenes con diferentes orígenes, identidades o ideas y a construir una base para resolver los conflictos derivados de sus diferencias (y similitudes).

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