“Lo otro no existe: tal es la fe racional,
la incurable creencia de la razón humana. [...]
Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste;
es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes.”

Antonio Machado, Juan de Mairena

 

Foto Ana Griott

Ana Griott, foto de ©Miguel Ángel Invarato

Lo monstruoso*

La palabra “monstruo” viene de monstrare, ‘enseñar’. De ahí que etimológicamente “maestro” y “monstruo” tengan una relación radical, de raíz, porque el monstruo, como el maestro, es quien se te pone delante y te muestra algo de ti que desconoces o que intuyes pero no sabes. Por eso el monstruo es el otro, “la incurable otredad que padece lo uno”, por seguir citando a Antonio Machado. Ese otro, pues, que es como uno mismo pero que para verlo, para verte, ha de estar fuera. En las profundidades del ser cavernario se da la intuición o la transformación pero no el conocimiento, ya lo decía Platón. Por eso en la tripa del monstruo se produce la transformación, o en el vientre oscuro del bosque, imaginado como sombrío y, por tanto, monstruoso: los niños abandonados en el bosque son devorados por la profundidad del bosque o por el monstruo, o encerrados en la casa de la bruja, de la maga, de la hechicera, y allí dejan de ser niños y se convierten en ciudadanos porque descubren al otro, y aprenden que el otro es necesario para construir la ciudad, que depender del otro y celebrar esa dependencia es lo que construye el tejido social. Un nudo unido al otro lo sostiene y, juntos, forman la red, eso que Rousseau llamaría “el contrato social”.

Jhon Ardila

Mi nombre es Jhon Ardila. Nací en 1983 en un trozo de tierra colombiana que reivindica orgulloso sus raíces históricas insurrectas (El departamento de Santander). Crecí escuchando a mis padres ganarse la vida con la lengua y todos su recursos (son comerciantes). Por primera vez vi a un narrador de cuentos orales profesional en el año 2000. Aquello me emocionó e impresionó. Decidí formarme como tal y por primea vez conté un cuento ante un público en el año 2003. Fue desastroso. Me licencié en derecho en el año 2005 con la idea romántica de ser un abogado al servicio del pueblo. Las leyes se encargaron de decepcionarme, pero las gentes que defendía me llenaron de ilusión. Como abogado defensor de derechos humanos escuché muchas historias; unas trágicas y otras esperanzadoras. Escuchando a obreros, campesinos, trabajadores, indígenas y víctimas, hombres y mujeres, concluí que las dos cosas (lo jurídico y los cuentos) me movían hacia el mismo lugar; contribuir minúsculamente a hacer del mundo un lugar mejor, donde todos viviéramos con dignidad. De la mano de esa idea seguí caminando; con la defensa jurídica de los derechos y con los cuentos orales. Y así, la buena suerte me trajo hasta Sevilla-España en 2009 para cumplir varios sueños; estudiar derechos humanos, contar cuentos fuera de mi país de origen y conocer mundo. Las tres cosas han sido posibles gracias a mi oficio de narrador de historias. Gracias a los cuentos cambié y re-enfoqué mi trabajo de investigación doctoral (mi idea inicial era un aburrido trabajo sobre jurisprudencia internacional de derechos humanos, hasta que mi maestro me escuchó contando y me propuso investigar sobre ello). Gracias a los cuentos he logrado viajar a inhóspitos destinos para trabajar. Gracias a los cuentos pude y puedo conocer “otros mundos”, literal y metafóricamente.

Yoshi flor que palpita1

Mi nombre es Yoshi Hioki y soy de la ciudad de Hirakata de la prefectura de Ôsaka, Japón. Radico en Barcelona desde 1991 y me dedico a la narración oral desde 1999. Cuento, principalmente, cuentos, mitos, leyendas y obras literarias de mi país. Cuando me preguntan a qué me dedico contesto que soy narrador oral. A veces lo entienden y otras veces no tanto. Según el grado de comprensión les explico más o menos. Cuando mis amigos de Japón me preguntan, “¿A qué te dedicas? ¿Qué es lo que haces?, suelo contestarles “Me dedico a algo parecido a Rakugo”. 

Rakugo es la narración oral profesional de mi país cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. Esta disciplina artística y profesional no es conocida fuera de mi país como sí lo son el teatro Nô, el Kabuki, el Bunraku, etc. Y es justamente por ser un arte puramente oral y la barrera del idioma es más notoria para ser exportado. Pero en nuestro país tiene el mismo peso y reconocimiento que las otras artes tanto social como cultural. 

Boniface Ofogo

Son las ocho de la noche. Se oyen los primeros cantos de los búhos. Son cantos siniestros. En mi pueblo, situado en el corazón de Camerún, se cree que cuando cantan los búhos, va a morir alguien (supongo que morirá alguien del pueblo, porque siempre muere alguien en algún lugar del mundo). Mi madre está terminando de cocinar a la leña las hojas de mandioca, base de la alimentación de la tribu de los yambassa, de la que soy hijo. Mi padre ya ha regresado de la plantación de cacao, y todos los once hermanos hemos hecho las tareas del colegio.  Estamos en plena estación seca y hace casi treinta grados de temperatura. El resplandor de la luna preside todo este decorado bucólico. 

Tras la copiosa cena en familia, nos disponemos a sentarnos en torno al fuego para proceder al ritual diario de contar y escuchar cuentos. El fuego no es una forma de iluminación primigenia, puesto que la luz traída por la luna cumple a la perfección esa función. Tampoco sirve como fuente de calefacción, ya que el clima es cálido. Desde el punto de vista antropológico, el fuego es un elemento que convoca a la comunidad, es el símbolo mismo de la civilización humana. Sirve también para mantener viva la memoria colectiva. Según cuenta Juan Luis Arsuaga, director de los yacimientos de Atapuerca, los primeros homínidos, los australopitecos, los neandertales, el homo sapiens, ya tenían costumbre de reunirse en torno a la hoguera para contar historias. Eran historias de caza, de la que ellos vivían.

El 12 de agosto de 2020 abrí un canal en Telegram dedicado a la narración oral. Para quienes no conozcáis la opción de los canales de Telegram estos funcionan de manera muy sencilla, al menos para las usuarias y usuarios: en un canal público como es este, la persona interesada puede suscribirse (y eliminar la suscripción) en cualquier momento, una vez está suscrita recibe información a través del canal. Este era el objetivo inicial del canal, publicar cada día, de lunes a viernes, una pequeña píldora de información sobre narración oral. Al hacerlo de esta manera nos saltamos al algoritmo de las redes sociales que es el que decide qué información llega o no a los perfiles.

 

canalNarraciónOralTelegram
Esta es la actual imagen del canal. Fragmento del cuadro de Louis-Léopold Boilly titulado "Y el ogro se la comió" 

Después de mucho buscar he logrado contactar con dos narradoras que desde diferentes latitudes están desarrollando proyectos con mamás embarazadas. Son dos apuestas extranjeras: Lluvia de luna, que se gesta en Alemania de la mano de una narradora venezolana, Ariadna Sánchez Széplaki; y Mamushkas, interesante proyecto en pleno desarrollo en Argentina, a cargo de la narradora Larisa Cumin. Hemos logrado conversar con ambas para conocer un poco más de cerca sus propuestas.

Conversamos con

Ariadna Foto
Ariadna Sánchez Széplaki
Lluvia de Luna: Programa de Acompañamiento a mujeres embarazadas y familias.

¿Cómo surge la idea de trabajar con mamás embarazadas?

Esta idea nace como parte de mi andadura y formación:

Soy Licenciada en Educación preescolar con una especialización en primera infancia. Estando en la universidad me tocó realizar el servicio comunitario y mi profesora de literatura infantil, Sashenka García, nos propuso realizarlo en el Banco del Libro en Caracas-Venezuela. Allí conocí a Evelyn Torres, quien tenía un proyecto con bebés y otro con madres embarazadas.

Foto Mon 1

Mon Peraza

 

Soy narradora oral y tengo la suerte de dedicarme a esto de manera profesional. Digo esto sin querer meterme en bosques de matojos, sino más bien paseando por senderos de laurisilva verde gomera, simplemente entendiendo la profesionalidad, como esa actitud que cumple con los requisitos legales y fiscales, es decir, facturar y pagar impuestos, además busco repertorio incansablemente, y me invito a mi misma a salir de la zona de confort. Llevo la palabra dicha a donde se quiera escuchar y utilizo el cuento, las retahílas, la poesía y la propia tradición oral familiar, no sólo como herramienta educativa, sino como la intención de un alimento y/o sustento al imaginario colectivo, como medio de transporte a los sueños, resumiendo, practico el convencimiento de que un mundo mejor es posible a través de la narración oral, y sobre todo a través de la estimulación prenatal a través del cuento.

Por otro lado, tengo la fortuna o desgracia, lo grandioso de la maternidad es que tiene momentos para todo, (dice el eslogan del sorteo de la once con motivo del día de la madre de este 2021: “Ser madre compensa. Y mucho” y yo no me atrevo a hacer esa afirmación) de ser mamá de dos varones de 17 y 15 años, a los que les leía, contaba cuentos y les cantaba nanas durante el embarazo. ¿Son por ello mis hijos más despiertos? ¿Nacieron más estimulados que otros niños a los que no se les leía? o ¿son más inteligentes? Eso no puedo garantizarlo de ninguna manera, no lo sé a ciencia cierta, lo que si es un hecho es que son niños felices, grandes lectores y han sido estimulados desde que ocupaban su primer hogar, su primera escuela, mi vientre.

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