Hace unos años, dos intrépidos narradores decidimos diseñar una actividad para grupos y que se desarrollara en la calle. Comenzamos entonces el proceso de diseño de una ruta literaria. Iniciado un proceso de gestación, incubación o germinación (elíjase el símil que más guste al lector), gracias a la idea de una tercera persona muy cercana al dúo de narradores, concretamos que la actividad sería sobre leyendas de la ciudad de Sevilla. Pero una ruta de leyendas por Sevilla se antojaba demasiado extenso en el espacio y en el tiempo dada las dimensiones de la ciudad y la cantidad de leyendas de las que disponíamos según la bibliografía facilitada por esta tercera persona y la que comenzamos a consultar.

Para contar en la calle, se nos ponía por delante el reto de acotar la actividad en el espacio para que entrase dentro de una franja temporal de aproximadamente una hora. De esta manera, el grupo al que atendiésemos, podría contemplarla dentro de una jornada agradable y complementaria a otras posibles actividades en la ciudad de Sevilla, a la par de hacerla sostenible económicamente, pagando por ella un precio asequible para las personas asistentes y rentable para nosotros.

Respecto a este reto, tomamos la decisión de que el espacio fuera la antigua judería de Sevilla, desde el paseo de Catalina de Rivera, hasta la Plaza del Triunfo, junto a la Mezquita-Catedral. Este itinerario cumplía además de la duración estimada y unos espacios-rincones con cierto “encanto” y adecuados para parar durante unos minutos con un grupo de hasta 55-60 personas, un requisito importante: la logística para el grupo asistente o lo que es lo mismo, un lugar donde el autobús que lo transportase pudiera parar cómodamente para la subida y bajada. 

La narración oral en eventos en los que se reproduce la vida medieval, renacentista o barroca, sean recreaciones más o menos fidedignas, sean mercados con fines turísticos, puede realizarse de dos maneras:

  1. Como una sesión que comienza a una hora determinada en un lugar definido, con uso o no de voz amplificada.
  2. Como animación, en la que el narrador, moviéndose libremente por el territorio del evento y sin uso de voz amplificada, realiza pequeños pases cuando considera que hay público y ambiente adecuados. 

En el primer caso nos encontramos con una sesión semejante a la realizada en cualquier otro evento o festival relacionado con el género: hay un espacio dispuesto para el acto de narrar, un horario, hay público informado y hay expectativa.

En segundo caso, el acto de narrar en mercados medievales nos pone ante la consideración de la narración oral como juglaría. Además, en este caso no suele haber expectativa en el público, el espacio para narrar no está decidido de antemano y la duración es indefinida.  El público fluctúa, de manera que el repertorio tiene que adaptarse a la situación, sobre todo si hay niños y niñas.

Cantabria es una comunidad pequeña. Las distancias no son muchas. Las relaciones, los contactos, las sinergias... son más fáciles que en otras más extensas. Hace seis años, las personas que de una manera u otra,  nos dedicamos aquí a esto de contar cuentos, pensamos que una buena manera de celebrar nuestro día, el 20 de marzo, era hacerlo con las encargadas de los lugares donde hacemos nuestro trabajo para todo el mundo; las bibliotecarias.

Cartel 20M cantabria  

Mujeres que cuentan es un texto escrito por Marina Sanfilippo como prólogo para el libro Mujeres de palabra: género y narración oral en voz femenina, publicado por UNED en 2017 y que recoge diferentes aportaciones acerca de la literatura oral y sus narradoras bajo una perspectiva de género. Este libro fue coordinado por Marina Sanfilippo, Helena Guzmán y Ana Isabel Zamorano Rueda a partir de las ponencias e intervenciones que tuvieron lugar en las I Jornadas Internacionales: “Tomo la palabra: Mujeres, voz y narración oral”, en 2014. La importancia de estas jornadas radicó en la visibilización de un tema relativamente desconocido o poco tratado en el ámbito de la narración oral y en las múltiples perspectivas que se aportaron desde diversas disciplinas.

Agradecemos a Marina su labor en este ámbito y celebramos sus palabras. Esperamos que disfrutéis de la lectura de un fragmento de este prólogo con motivo del día 8 de marzo y que os animéis a leer otros textos del libro o a visionar las ponencias de las Jornadas.

 

MUJERES QUE CUENTAN

 

Es verdad que el derecho a tomar públicamente la palabra es históricamente un privilegio masculino, pero a primera vista el hecho de contar de viva voz parece un territorio en el que las mujeres juegan un papel protagonista, es más, quizá porque la narración oral es un arte o un tipo de comunicación efímeros y carentes de legitimación cultural, las mujeres pueden llegar a ser sus auténticas depositarias.

La narración oral y la narración audiovisual son dos formas muy diferentes de contar historias y hay una película que lo explica maravillosamente: Big Fish, una de las obras maestras de Tim Burton, uno de mis directores favoritos y un icono del cine contemporáneo.

No es necesario decir que el cine es una de las artes que mejor puede contar historias, pero la narración oral también, las transmite de una manera más íntima y más directa. Y no puedo omitir, siendo actor, claro, al teatro, como el otro arte más adecuado para contar historias que consigan un cambio en las personas que las escuchan y las disfrutan.

Cuando terminé de ver Big Fish, supe que era la película que más claro me había dejado cuáles son los objetivos, las razones y las consecuencias de contar historias.

Desde la creación del cine y la televisión todos sabemos que la narración oral y la producción audiovisual van cogidas de la mano.

Una gran mayoría de esas series o películas que tanto nos gustan son adaptaciones de cuentos, leyendas, historias, mitos o novelas. Gracias al desarrollo de equipos audiovisuales realmente capacitados, de su imaginación y su visión de estas, nos las plasman en la gran pantalla.

Hoy vamos a hablar de una de las películas que mejor refleja el uso de recursos de la narración oral dentro de la narración audiovisual, Big Fish, una de las obras maestras del que, a mi opinión personal, es uno de los mejores directores de nuestros tiempos: Tim Burton.

Cuando vi por primera vez Big Fish sentí que el padre era un cuentacuentos en toda regla. Y tras verla tres veces más pude reafirmarme en esta idea. Es un hombre mágico, hipnótico, con capacidad de palabra y un don para hacer dudar al receptor de qué es realidad y ficción en todo aquello que cuenta: alguien que narra trocitos de su vida, en principio, vistiéndolos de aventura y vistiéndose a sí mismo como un héroe, adornando o rehaciendo su verdad para hacerla más atractiva a quien la escucha.

Ya lo decía el personaje del hijo al inicio del film: “A la hora de contar la historia de la vida de mi padre es imposible separar los hechos de la ficción, el hombre del mito" pero me parece aún más reveladora su reflexión final, extrapolable a todo ser humano: “Un hombre cuenta sus historias tantas veces que se convierte en ellas. Estas le sobreviven y, de esa manera, se convierte en inmortal”.

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