Para hablar de talleres y “Borrón y cuento nuevo”, queremos contar dónde estamos y sobre todo cómo hemos llegado a este punto.

Como todos los compañeros, los Borrones tuvimos que suspender por la Covid  las sesiones de cuentos y los talleres de narración oral que teníamos contratados y tras el shock y paralización que esto supuso, nos reinventamos para seguir trabajando y sobre todo viviendo.

En este escenario de confinamiento se nos impuso un nuevo tipo de comunicación, también entre nosotros, que somos muy de vernos en persona. Por necesidad vital y para mitigar el parón laboral y creativo comenzamos a realizar experimentos en video, tutoriales audiovisuales, asesoramiento a compañeros y montamos el “Taller de experimentación del lenguaje audiovisual” que al final hemos impartido vía On-line. Vamos que más que un parón por Covid, fue un “ponerse pilas”.

El llegar a este taller ha sido un trabajo de muchos años de reflexiones y conversaciones entre nosotros, muchas, muchas. Siempre habíamos querido aunar la experiencia de narración oral compartida, de talleres de narración oral de Nieves y las clases de lenguaje audiovisual de Dani.  Explorar los recursos que este medio nos ofrece para el mundo del cuento. Pero es verdad que son dos lenguajes distintos,  igual que nosotros.

Este proyecto de taller nos lo habían pedido muchos compañeros previamente al Covid e incluso llegamos a hacer varias pruebas con algunos grupos de narradores, aunque siempre nos faltaba un “algo” que lo hiciese pleno para los dos. Manda narices que ese “algo” lo resolviésemos en un confinamiento obligado.

Lo bueno de este periodo es que hemos conseguido acercar nuestras facetas más diferenciadas, Nieves es más analógica y Dani más digital, más por necesidad que por voluntad. De repente todo era digital. Esta situación crítica ha reafirmado los puntos convergentes que ya teníamos. Esto nos lleva a que todo lo que hacemos juntos tenga una base compartida donde siempre hemos tenido unas reglas básicas comunes:

  • El taller es un lugar donde experimentar y equivocarse
  • Divertirse
  • Encontrar la base y el fundamento del temario para evitar convertirlo en una charla magistral
  • Unificar teoría y práctica
  • Realzar la impronta personal de cada uno
  • El grupo marca el ritmo y la dinámica de trabajo (siempre bajo unos mínimos)

En los talleres de narración oral elegimos que la parte práctica supere con creces la parte teórica. Así decidimos hacerlo. Para comunicarnos audiovisualmente sí que vimos la necesidad de la explicación de muchos contenidos imprescindibles para empezar a jugar y esa fue una de nuestras primeras dificultades, queríamos evitar a toda costa la “Clase del Experto”. La experiencia de Dani en formación en los Masters académicos que imparte, hace que sus clases vayan dirigidas a gente que ya tiene fundamentos teóricos y prácticos en el lenguaje audiovisual. El reto era hacer la formación a un alumnado variado y, en principio, sin los fundamentos básicos, de una manera accesible y motivadora. Era aprender a leer y escribir otro lenguaje y eso jamás funciona si no lo haces por ti mismo. Podíamos haber elegido el camino de “sólo contenidos”, pero no queríamos hacerlo así, queríamos que fuese lo más práctico posible. Sorprendentemente la mayor parte de los conceptos los aportaba los conocimientos de Dani, y la manera de depurarlos, filtrarlos y ordenarlos era de Nieves, aunque esto no impide que se invirtieran los papeles regularmente. Ganamos mucho cuando trabajamos juntos. También, al ser dos, nos permite convertirnos en observadores y esto aporta una información clave para la preparación/modificación de las nuevas clases. La continua evaluación y comunicación entre nosotros hace que aportemos dos puntos de vista muy diferenciados y por lo tanto enriquecedores. Esto suena muy bien, pero hay que vivirlo día a día y no siempre es tan fluido.

Nuestro deseo era que los narradores que quisieran comenzar a expresarse audiovisualmente fuesen capaces de identificar, realizar y compartir los recursos que ese lenguaje tiene, no compartir trucos ni dar soluciones fáciles. ¡Nos gustan las cosas sencillas, no fáciles! Es una tónica que compartimos con las sesiones de cuentos y los talleres de narración oral. En el mundo audiovisual y en la vida en general hay una tendencia a crear efectos muy deslumbrantes que al final no cuentan nada, y si algo nos gusta a los Borrones es contar, no demostrar. (bueno, a Dani “un poco” sí que le gusta demostrar, pero se está reformando)

Hasta ahora, hemos concebido los talleres de forma presencial y aunque estuviésemos separados por cientos de kilómetros, teníamos claro que queríamos hacer un taller de ese estilo, con el poder del grupo, algo que permitiese un feedback directo e instantáneo. Como muchos otros, descubrimos programas informáticos que permitían reuniones virtuales en la red para reuniones laborales o familiares, y decidimos transformarlos en salas virtuales para talleres.

Nos gusta cuidar y crear un ambiente de cercanía y confianza, nos parece imprescindible para favorecer los momentos creativos y comunicativos, nos encanta que la gente se encuentre “como en casa” y con esta nueva situación de comunicación on line ¡Ya estaban en casa!. Sólo necesitábamos no fastidiar esta situación y potenciar al máximo esa sensación. Teníamos que sumar en vez de restar. De ahí que durante el taller y de manera natural, aparecieran nuevas reglas de comunicación. Ya no importaba si venias duchado, sino qué tipo de encuadre usabas y cómo se te veía y oía durante el taller.

Los participantes de este taller no somos “nativos virtuales”, y hemos traducido de manera casi instintiva la sesión presencial con la sesión virtual, pero sabemos que este camino está por recorrer, que hay recursos que no hemos utilizado y desvíos que, por desconocimiento, no hemos tomado, aunque vimos que los fundamentos eran los mismos. Teníamos ganas de comunicarnos, de compartir nuestros progresos y facilitar de manera espontánea y grupal ese nuevo canal. Sabemos que el encuentro era real, las risas, las dudas, las inquietudes e incluso los miedos eran reales. Es sorprendente la sensación de grupo y de comunidad que se puede conseguir en una reunión de Zoom. Los talleres nos llevaban a alargarnos con charlas finales, nosotros lo llamamos “el cigarrito” o “la cerveza final”, curiosamente, como ocurre en los presenciales. Conseguimos crear esos momentos tan placenteros y necesarios que valen un “Potosí” (esta referencia es de Nieves…)

Pero ahora “cada mochuelo está en su olivo”, el espacio donde se recibe y se da el taller no es comunitario, sino individual, y la cantidad de estímulos externos pueden no ser comunes al grupo, nosotros no controlamos ese calcetín sobre el teclado del ordenador o esa visita del compañero de casa o de vida. Se impone la necesidad de encontrar lugares íntimos y aislados para poder aprovechar al máximo la actividad. Tampoco controlamos plenamente cómo llega la información a los alumnos, que tamaño de monitor tienen, cómo son sus altavoces, como es su conexión. Esto genera nuevos retos comunicativos y una dependencia de la electricidad, de internet, de los equipos que tenemos, etc... y esto, para un colectivo que básicamente utiliza su voz y su cuerpo para ejercer su profesión, es un gran cambio. Por ejemplo, Nieves tardó tres sesiones en encontrar su micrófono, y no podemos obviar el día que la luz dejó de acompañar a Dani. Son momentos que hay que vivir para saber la dependencia que tenemos.

Punto y aparte merece el grupo que nos ha acompañado en este viaje de taller online. Nos encontramos con un grupo altamente motivado, muy creativo, con ganas de aprender y compartir. Un grupo que ha superado con creces nuestras expectativas con sus trabajos e implicación. Gracias a ellos, las muestras de los videos se convertían en pequeños festivales narrativos y audiovisuales. Mostraban sus trabajos, pero sobre todo, se mostraron ellos mismos. Necesitamos seguir caminando juntos, seguir aprendiendo, evolucionando en grupo y vía online, de ahí que el taller continúe, ya veremos cómo. Aunque también es verdad que queremos y demandamos vernos en persona ya mismo. ¡Necesitamos tocarnos! (entiéndase esto como el lector desee)

Esta experiencia nos ha enseñado la fuerza y las posibilidades de la comunicación on-line, un elemento más que añadir a nuestra mochila en nuestro caminar por el mundo de los cuentos, y también para reafirmar que seguimos necesitando la energía de las sesiones de cuentos y los talleres presenciales. 

Sólo pedimos que la siguiente experiencia enriquecedora no venga de una pandemia mundial.

 

Nieves y Dani

Borrón y cuento nuevo

 

Este artículo se publicó en el Boletín n.º 84 – Formación en narración en tiempos de la Covid-19