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Brais das Hortas y yo (Marta Ortiz) empezamos en el mundo de la narración oral contando cuentos en centros de secundaria. Fundamos la compañía Tropa de Trapo y los primeros años nos dedicamos a contar con música en directo. Desde el principio contamos con música, ya que Brais es músico además de narrador y siempre concebimos la narración de cuentos ligada a la música. Para nosotros contar con música aportaba muchas cosas. La música tiene el poder de recrear las emociones contadas, permite que la palabra respire, es evocadora... Siempre pensamos que la música puede ir unida a los cuentos contados de una forma muy natural. En la cultura gallega, cantar y contar es algo que va entrelazado muy íntimamente.

Con el tiempo, empezamos a trabajar mucho más para público infantil y familiar. Fue en ese momento cuando empezamos a explorar el uso de objetos en la narración de cuentos de forma intermitente. A veces en los proyectos de la propia compañía Tropa de Trapo y otras veces por separado: Brais das Hortas por un lado y Marta Ortiz por otro.

En la narración con objetos, me gusta trabajar con el objeto abstracto, metafórico o simbólico. No me gusta mostrar lo que ya estoy contando. Me gusta sugerir con el objeto, crear imágenes simbólicas y poéticas. Me gusta incorporar objetos antiguos, que para mi gusto poseen una belleza estética y están impregnados de historia. La propia búsqueda del objeto en anticuarios y mercados ya es toda una aventura apasionante. Me gustan también los objetos abstractos: un tubo, un trozo de mueble... con los que puedes jugar a encontrar formas e interactuar con el público. Ese es el camino que me atrae y que marca las experiencias posteriores tanto a nivel individual como de la compañía Tropa de Trapo.

Con Tropa de Trapo también experimentamos con la manipulación de objetos siguiendo esa misma línea del objeto abstracto, metafórico o simbólico. Pero el momento en que la experimentación narrativa con objetos llega a su punto máximo es cuando nos imaginamos un proyecto como 4 Monos. 4 Monos es un espectáculo de la compañía Tropa de Trapo que parte de cuatro cuentos. Nuestra propuesta navega entre música, cuentos, teatro y manipulación de objetos. No quisimos poner límites a nuestra imaginación. Dejamos que esa propuesta nos llevara adónde quisiera ir. Comenzamos la aventura de 4 Monos y creo que la manipulación de objetos y la escenografía fue uno de los puntos que marcó definitivamente este trabajo.

Teníamos una idea de los cuentos que queríamos contar. Queríamos abordar el tema del ciclo de la vida y nuestra actitud frente a las cosas que suceden y nuestro poder para influir en ellas y cambiarlas. Nos imaginábamos una escenografía con papel y con cartón. Un material barato, fácil de conseguir y que nos parecía en consonancia con lo que queríamos contar. Buscamos durante mucho tiempo. Hicimos pruebas durante semanas... Pero nada nos convencía. Lo que lográbamos construir era plano, sin vida y no aportaba demasiado a la historia. Le dimos muchas vueltas hasta que a Brais se le ocurrió: unos acordeones de papel de estraza con tapas de cartón de diferentes tamaños que fueran dibujando algunos espacios y pudieran ir manipulándose y modificándose durante el espectáculo. Básicamente era el sistema de los farolillos chinos, con estructuras de nido de abeja. También habíamos visto pequeños taburetes con cartón y papel construidos de esta manera. Empezamos a buscar. Encontramos una empresa de Canadá que hacía algo similar. Pero sus estructuras tenían un tamaño limitado, no era exactamente lo que queríamos. Nos limitaba a los tamaños ya existentes y teníamos que comprarlos a ciegas, sin verlos ni tocarlos en directo. Su precio también era muy elevado. Se nos hacía muy difícil de asumir.

Reconozco que me encantaba la idea de los farolillos chinos a lo grande. Esos módulos de cartón y papel de diferentes tamaños que Brais dibujaba en los bocetos auguraban un mundo de posibilidades pero no tenía ni idea de cómo los íbamos a conseguir. Entonces Brais dijo: “He visto un vídeo en YouTube de unas trabajadoras en la India que hacen algo parecido… Creo que puedo hacerlo. Dame dos semanas. Si no lo tengo entonces, buscamos otra vía”. Yo dije que sí y Brais se puso a doblar papel de estraza, a pegar, doblar, pegar... Dos semanas sin parar. Todo el día doblando y pegando.

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Tras dos semanas de mucha prueba y mucho doblar, los módulos de papel de estraza y cartón eran una realidad. Había varias medidas para probar. El más pequeño de unos 20 cm de alto, más o menos como un farolillo, con un ancho de 5 cm pero capaz de abrirse 2 metros. El más grande con un metro de altura y 20 cm de ancho pero capaz de abrirse 9 metros de largo. También hizo tamaños intermedios. Aquello era pura magia. El sonido que producían al abrirse, la textura, las formas tan sugerentes que podías dibujar con ellos. Empezamos a trabajar con ellos implicando el cuerpo. Exploramos sus posibilidades de movimientos, creación de formas y de espacios. Empezamos a probar a desarrollar los cuentos jugando con ellos.

También comenzamos a incorporar objetos, los combinamos con la escenografía y empezamos a explorar las posibilidades. La línea de este trabajo seguía la misma idea de sugerir en lugar de mostrar. Queríamos que el objeto contara más allá de las palabras. Queríamos jugar con los objetos para construir algo nuevo con su combinación. Hacía tiempo que explorábamos la vía de combinar el objeto con una parte o incluso con todo el cuerpo. En 4 Monos un reloj antiguo y un brazo encarnan un caracol. Un caracol de carne y lata. Un caracol que se cree rápido y avanza muy lento. Un caracol confundido. Unas veces los objetos encarnan un personaje, otras se convertían en una imagen fugaz, en algo que contar sin necesidad de palabras. Esa pausa para las palabras dejaba paso a la música y a la imagen y narraba la historia desde otro plano.

Conforme trabajábamos con los módulos de papel, descubríamos que tenían una gran capacidad de adaptarse al tamaño de escenario, podíamos llenar toda la escena en un auditorio o adaptarnos al pequeño escenario de un colegio. Además eran muy fáciles de transportar y ocupaban muy poco espacio.

Optamos por que la escenografía no fuera fija, quisimos que fuera apareciendo, modificándose y desapareciendo a medida que íbamos contando las diferentes historias.

El módulo pequeño nos dio mucho juego. Se convertía en la corona del emperador sobre la cabeza, en el pelaje de un mono, es una serpiente, una semilla, el tronco de un árbol que crece. Todo esto manipulando el módulo de papel sobre el cuerpo.

Los módulos medianos dibujaron el mar, las olas, las paredes de una cueva, construían estructuras sobre las que aparecer y desaparecer, recreaban la selva de Brasil…

El módulo grande era también la base de esas grandes construcciones y constituía el soporte donde manipular los objetos. Al manipular objetos, muchas veces estamos ligados a un soporte, a una línea de suelo para el objeto. Yo estaba cansada de la eterna mesa. Cuando vi esos módulos pensé: “No vuelvo a usar una mesa nunca más”. Así lo he hecho en mis sesiones de cuentos individuales. Puedo permitirme el lujo de no tener nada en escena y cuando quiero empezar a manipular, cojo el módulo, que estaba apoyado en una pared de la biblioteca y nadie se ha percatado. Lo abro. El sonido es fantástico. Es otro plano que juega en escena. El sonido que hace al abrirse. Además funciona como biombo y partir de ahí puedes jugar con el a descubrir, mostrar, apoyar, esconder...

Trabajar con la escenografía como objeto que se va transformando exige mucha precisión en los movimientos en escena. Contar con objetos en general creo que exige mucha precisión, por lo menos a mi modo de ver. Todo lo que aparece debe tener un recorrido claro y preciso y una desaparición calculada y ensayada. También hay que pensar dónde se reservan todos esos objetos. Cuando la escenografía aparece y se va modificando, esta precisión debe estar presente siempre. Si además tienes que coordinarte con otra persona y con la música debe estar todo pensado y ensayado. A mi me gusta trabajar con el cuerpo porque llega un momento que el cuerpo sabe todo lo que tiene que hacer sin pensar. Pero es cierto que requiere mucho trabajo y concentración, ya que no sólo cuentas, también tienes que saber en cada momento hacia donde te mueves, que toca mostrar o reservar. Para nosotros supuso un gran reto llegar a contar y movernos por la escena jugando con la escenografía con naturalidad y precisión.

Para acabar de redondear el plano escenográfico, estudiamos como resaltar las texturas y colores del papel con la iluminación. También colaboraron con nosotros Cestola na Cachola, unos artistas gallegos que pintan unos murales maravillosos. Miguel Peralta de Cestola na Cachola se encargó de darle cara a los 4 monos y a pintar nuestro vestuario. Creo que hizo un gran trabajo y nos llenó de color de una forma muy creativa y hermosa.

A base de representarla, 4 Monos se ha ido modificando. Ha sufrido muchos de los procesos que sufre una sesión de cuentos. Se ha ido ajustando y creciendo a base de hacerlo, pero siempre manteniendo la esencia de lo que queríamos contar y de cómo lo queríamos contar.

Mientras escribo esto pienso en cuándo volveremos a los teatros y a las bibliotecas. Ojalá sea pronto. Tengo muchas ganas de volver a trabajar en escena. Mientras tanto seguiremos creando, soñando y explorando caminos desconocidos.

Puede verse el teaser de 4 Monos en Youtube

Marta Ortiz

Este artículo pertenece al Boletín N.º 83 - El cuento a través del objeto


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