Me preguntan si se puede vivir del cuento en Costa Rica. No hay fórmulas mágicas. Enrollarse las mangas, combinar otros saberes y poner el corazón en lo que haces, son solo algunos ingredientes para conseguirlo.

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Ana Coralia. Foto de Fernando Arguedas

Nací en una familia que hablaba mucho y de una madre que pasaba todo el santo día contándome historias. Algunas eran familiares, otras anécdotas personales y otras tomadas de los libros.

De manera que crecí rodeada de palabras y cuando hubo que decidir cómo pondría pan en la mesa, dirigí mi brújula hacia el periodismo que era lo más cercano a lo que quería hacer el resto de mi vida: contar.

Ya desde los 11 años componía mis propias canciones, pero no fue sino hasta los treinta y tantos, que tuve la oportunidad de escuchar por primera vez cuentos para adultos. 

Aquello fue como el “Ábrete Sésamo” de una cueva inimaginable de tesoros y se rompió mi paradigma de que los cuentos narrados eran solo para niños. 

Entonces me dije: “Yo quisiera poder hacer eso…”.

El Universo estaba escuchando y la vida me llevó más temprano que tarde a las puertas de la narración oral.

Así desde el 2001, comencé, primero a volar por instrumentos y más delante de la mano de Juan Madrigal, conocido en el mundo de la cuentería como Juan Cuentacuentos, a tomar talleres y a formarme con otras herramientas como cuentera.

Sin embargo, la decisión de dedicarme a tiempo completo a narrar cuentos fue osada y revestida del mismo valor con que los que practican “Bungee jumping”, se lanzan al vacío.

Luego de tener muchos años de vida profesional remunerada y estable como periodista, tomar mi guitarra y un puño de historias, más lo aprendido y ponerse a rodar tierras (como dicen los cuentos que hacen sus héroes), no fue una decisión sencilla aunque sí irreversible.

De manera intermitente, desde que los descubrí como una pasión, los cuentos siempre me esperaban mientras yo me desgastaba en otras cosas y quehaceres y llegó el día en que nos miramos cara a cara y como dos enamorados decidimos seguir el camino juntos por lo que nos quedara de vida.

 

Vivir del cuento en Costa Rica

No ha sido fácil, pero sí emocionante y muy gratificante.

A lo largo de estos 18 años de narrar y al menos seis de hacer solo esto, mi vida ha sido una montaña rusa, con altos, bajos, subidas que te dejan el alma en un hilo y la emoción indescriptible de volver a poner los pies en la tierra.

En mi mochila van mucho valor, creatividad, trabajo duro y una relación con diferentes nichos que requiere de ética, compromiso y seriedad.

No todo ha sido coser y cantar. 

Muchas lecciones se han juntado en mi libreta, pero mientras los narradores tengan claro su papel y sobre todo respondan con honestidad cada día por qué lo hacen, podrán realizar su trabajo digna y profesionalmente.

Igual que en otra latitudes, escuelas y colegios son un primer escenario donde los narradores podrían resolver buena parte de su día a día.

Algunas empresas han vuelto su mirada con interés y un poco de sorpresa al comprobar el poder los cuentos como una herramienta de comunicación con sus públicos y por supuesto, vitrinas como festivales y encuentros de cuentería van tomando auge en el país, como la Fiesta Internacional de Cuenteros que lleva 14 años de realizarse en Alajuela Ciudad Palabra en Costa Rica y los esfuerzos que gestiones homólogas realizan en muchos otros países en América y el resto del mundo, van abriendo caminos nuevos para un oficio antiguo.

 

“A Dios rogando y con el mazo dando”

Cuando me preguntan a qué me dedico y respondo “a contar cuentos”, los ojos de las personan se abren un poco más y la curiosidad asoma.

Lo digo con orgullo y gratitud, porque aunque cada vez que suenan las doce campanadas de un nuevo ciclo, siempre me enfrento a la incertidumbre de si todo saldrá como espero, al final, todo ha salido bien.

Claro, que el dibujo de tu vida debe partir de realidades y no de fantasías.

Para comenzar, olvídate de sobresueldos, aguinaldos, vacaciones e idemnizaciones por enfermedad. 

Vas por tu propio riesgo, como decían las abuelas.

Navegarás en un tipo de océano donde las oportunidades no están a simple vista. Una buena bola de Voleiball con su nombre “Wilson” podría ser un buen compañero de viaje, pero no porque seamos náufragos. Esa sería la actitud equivocada.

Si hay que buscar una metáfora, me gustaría más de Quijotes y Sanchos en una sola voz, pues desde mi punto de vista los cuenteros debemos ser el primero en nuestras fantasías y el segundo en nuestras realidades a la hora de pagar impuestos, recibos y tener una vida más o menos normal.

¿Lujos? No muchos.

Tendrás la inmensa alegría de ver a tus grandes amigos una vez cada cinco o seis años si la tómbola de la vida y los festivales te juntan con ellos, pero no mucha posibilidad de financiar viajes de placer o vacaciones en el Caribe “a punta de lengua”.

Porque ser cuentero a tiempo completo, más que un oficio, es una actitud ante la vida.

Es cambiar la lente con que ves cuanto te rodea y todos los estereotipos válidos para los demás ya no funcionan en tu propio espejo.

En Costa Rica esa ha sido mi forma de subsistir, trabajando muy duro, aceptando cada reto como una aventura sin perder el norte diciéndome constantemente que aunque la situación sea urgente, no es desesperada.

Con esto quiero decir que no hay que perder la dignidad ni el respeto por el oficio con tal de tener trabajo.

Es cierto que hay meses buenos como abril con su Día del Libro que cobra auge y da trabajo para muchos narradores, el Día del Niño o la Navidad y lapsos donde el canto de los grillos te obligan a generar estrategias y proyectos para que los picos entre las vacas gordas y las flacas no sean tan marcados.

 

Competencia leal

Personalmente no tomo el oficio como una carrera de hipódromo. 

La competencia es conmigo. 

El reto profesional y narrativo es buscar y encontrar nuevas historias, formas de contarlas y ser original en el formato para presentarlas.

Eso conlleva un labor constante de investigación, observar el trabajo de otros compañeros para diferenciar el tuyo y que sea una voz propia, prepararse en otras disciplinas, enamorarte del oficio y tratar de que cada oportunidad de mostrar tu trabajo sea el inicio de la siguiente.

En mi país, los narradores orales hemos crecido en cantidad y calidad, y eso es bueno, porque nos obliga a una mejora continua de nuestras propuestas.

El mercado para la narración oral no está hecho del todo y por eso también le toca a los narradores irlo forjando poco a poco.

Algunos caminarán por el camino de los pioneros y otros nos apañaremos con los molinos pensando que son gigantes. 

También hay que decir que es importante enseñar lo aprendido a las nuevas generaciones, porque hay que tener visión de futuro.

Nadie es eterno y es vital que, si bien los narradores de hoy no seremos los mismos de mañana, las historias y la memoria no se pierdan.

En ese sentido hay esfuerzos tangibles como el grupo de narradores infantiles “Palabras menores”, que dirige Juan Madrigal en Alajuela Ciudad Palabra y que cada semana se reúne para tallerear cuentos con niños y jóvenes de que van desde los 6 a los 14 años, que se nacieron y se formaron en la dinámica de la FICU y que ya han representado a Costa Rica en Ecuador y Guatemala.

He tenido el honor de ser maestra de algunos de estos narradores jóvenes y creo que esta es una gran oportunidad de darle continuidad a algo que comenzó como una meta personal.

 

¿Qué dicen otros?

Juan Madrigal, quien es actor y ya lleva 35 años de carrera como narrador oral, es enfático: “En Costa Rica no se puede vivir del cuento. Hay que tener otro trabajo que garantice un ingreso. De lo contrario habría que dedicarse a diseñar talleres, producir espectáculos y eventos, porque de otro modo no te da. 

A lo largo de su carrera, Madrigal no solo ha sido pionero de la narración en Costa Rica, sino un gran impulsor del oficio formando, enseñando y alentando a otros a que se dediquen a contar historias como un modo de realización personal. Fundó de la Fiesta Internacional de Cuenteros (FICU) en Alajuela Ciudad Palabra, que ya lleva 14 años de traer a cuenteros de aquí y de allá para a la vez, no solo formar narradores sino público para ellos.

La labor está hecha, pero ha sido dura y propone grandes retos y amenazas.

“Para que la cuentería sea una opción de trabajo a tiempo completo en Costa Rica se necesitaría que las instituciones gubernamentales y privadas tuvieran más sensibilidad hacia la narración oral y considerar que el cuentero come, paga recibos e impuestos como cualquier ciudadano y también reconocer que detrás de un buen narrador hay mucho trabajo, seriedad y compromiso”, afirma este cuentero de larga data y todo un referente dentro y fuera de Costa Rica.

Al trabajar formando niños y jóvenes en el oficio de contar historias esperaría que para ellos en un futuro cercano fuese más sencillo tomar la decisión de dedicarse solo a esto de manera más holgada, pero eso depende de muchas variables que también involucra el desempeño de los narradores ya consolidados.

Y en cuanto a las amenazas, Juan Cuentacuentos afirma que: “la mayor amenaza viene de las personas que creen que esto es fácil, que cualquiera puede contar una historia sin haberse preparado y en esa línea están los narradores que se “venden por una tarifa ridícula y un almuerzo”.

Rodolfo González, compañero narrador y colega periodista opina que es factible vivir del cuento, pero no es un camino de rosas. 

Él se dedica en un ochenta por ciento a narrar historias para vivir, pero advierte que el cuentero debe ser muy creativo e ingenioso para buscar nichos para consolidarse y ser más estable económicamente.

“Si bien las escuelas y algunas bibliotecas reconocen que el rol del cuentero es importante y el calendario ofrece momentos de mucho trabajo, el narrador debe generar otros espacios a lo largo del año y de su vida profesional para poder decir que se dedica de lleno al oficio de narrar”, comenta el polifacético cuentero, quien también es historiador.

“Yo, por ejemplo, encuentro que ser historiador y periodista contribuyen a que mis propuestas escénicas sean llamativas y novedosas para los diferentes públicos incluyendo las organizaciones, quienes atraídas por la tendencia de lo que se conoce como Storytelling en el mundo empresarial, consideran que la cuentería puede ser una buena y nueva estrategia para alcanzar algunos objetivos en términos de comunicación efectiva”, afirma Rodolfo.

 

¿Final feliz?

No lo sé. 

Solo sé que he sido feliz entre el punto de iniciarme como narradora y en todos estos años que en perspectiva se han ido acumulando. Me han dado experiencia y muchas gratificaciones. Así que no busco desesperada el desenlace de este cuento.

Esperaría que, efectivamente, los narradores jóvenes encuentren un camino más seguro, siempre y cuando trabajen como lo hemos hecho algunos para que sus propuestas sean serias, sin dejr de ser divertidas cuando corresponda, que haya mucha entrega antes y después de subirse a una tarima a contra historias y para ello los contadores actuales debemos crear esas condiciones produciendo espectáculos y sesiones inteligentes, retadoras y elocuentes.

De nuestro trabajo actual depende ese futuro y de la sensibilidad que la sociedad desarrolle hacia la narración oral escénica.

Falta mucho camino por recorrer, pero en mi caso particular diría que “Hasta aquí vamos bien”, como dijo el pollo en la puerta del horno.

¡Nada! No hay horno. 

Hay mucha gente dispuesta a escuchar historias y hay que irla descubriendo y cautivando, porque como siempre digo, “los cuentos no son para dormir, son para despertar”. 

 
Ana Coralia Fernández Arias
Narradora oral y periodista

Este artículo se publicó en el Boletín n.º 68 – Narración oral en Costa Rica 

 

Sobre la autora del artículo

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Ana Coralia. Foto de Fernando Arguedas

Ana Coralia Fernández Arias, nació en San José, Costa Rica el 17 de julio de 1960. Estudió periodismo en la Universidad de Costa Rica y fue directora de las revistas “Tambor", “Perfil", "Hablemos de Niños”, del suplemento Zurquí y varios proyectos didácticos. También fue directora la emisora infantil Colorín y ha participado en importantes publicaciones como columnista y autora. 

Desde el 2001 se dedica a narrar cuentos y viaja por todo el país contando sus historias o impartiendo talleres para padres y docentes. 

Ha representado a Costa Rica en Festivales Internacionales como Festival de Los Silos (Canarias, España), festivales Cuéntamelo todo (México D.F.) y Festival Internacional de la Oralidad (Zacatecas, México), Feria del Libro en Guatemala, actividades afines en Nicaragua, Honduras y Panamá, Abrapalabra (Bucaramanga), Festival Internacional Ajuentajuî (dos ocasiones), Riohacha y Santa Marta, así como en el Festival El Caribe Cuenta (Barranquilla, Colombia), Festival de la Oralidad (Barquisimeto, Venezuela), Cerrito de Cuentos en dos ocasiones (Guayaquil, Ecuador), y a la FIL de Huancayo (Perú).

Mantiene su blog Ana-Lógica , desde donde plantea su opinión en redes sociales.

Ha escrito tres libros para jóvenes: “Cuentos para volar con valor”, “Charrales" y “Sobrevivientes", por medio de una beca de promoción a lectura otorgada por el Ministerio de Cultura y Juventud.


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