Observo desde hace meses una curiosísima forma de ofertar actividades por parte de algunas administraciones públicas. Se trata de lo que vendría a ser una "oferta lenteja": si las quieres las tomas y si no las dejas. Oferta que además, según he podido constatar, se presenta al menos en dos modalidades:

  • Lentejas al kilo. Se caracteriza porque en las bases en las que se solicita la actividad se detallan cuestiones como: si hay dos personas en escena la cantidad máxima a facturar es "x", si son cuatro la cantidad es "y", etc.
  • Lentejas al plato. Se caracteriza porque la administración te dice la cantidad que puedes facturar al día, dentro de su proyecto, claro. Claro y menos mal, porque sólo faltaría que tuviésemos un máximo de facturación diaria.

Se podría pensar que esta opción no está mal, aunque habría que señalar que con este método podemos poner el precio que creamos conveniente a cualquier cosa, ya sea una zanahoria, ya sea una casa. Entonces ¿cuál es el problema, o más bien, los problemas? 

  • A nivel empresarial es el siguiente: no hay requisitos para entrar en estas programaciones, puedes concursar como asociación o con una figura de facturación legal: autónomo, empresa, etc. El problema en este punto es el de siempre, que la empresa debe pagar el IVA, Seguros Sociales... lo que hace que su gasto se eleve hasta un 40% por la presión fiscal (que como sabemos son recursos con los que se pagan: educación, sanidad... y todo lo público, incluso el dinero que saldrá para realizar ese mismo programa) y la asociación no tiene que pagar IVA ni Seguridad Social, ni nada de nada, es dinero ¿limpio? A modo de reflexión, ¿la Administración puede comparar el tóner a la "Asociación de Amigos de la Fotocopia en Color"?, no, pero alguien dirá: ya, pero en la cultura es otra cosa. Yo planteo (siguiendo en el punto de la reflexión empresarial) que sí, que es lo mismo. Por lo tanto no estamos en igualdad de condiciones, esta política no solo es perjudicial para el tejido empresarial de la cultura, sino que lo grava.

Tim Bowley fue invitado a colaborar con un artículo en este libro sobre narración oral: Telling in tandem; hoy recuperamos el artículo para nuestra web. Agradecemos a Tim que nos haya dado permiso para publicarlo.

inglés

TimBowley

Debo admitir que cuando recibí la invitación de contribuir a este libro, nunca había oído antes el término “Tandem Telling” a pesar de haber pasado los últimos veinticinco años como narrador oral. Asumo que se refiere a gente que, como parte de una pareja o de un grupo, cuentan historias uno detrás de otro. Si es así, está bastante alejado de lo que yo y mi compañera de narración hacemos. Aunque supongo que seguramente a eso también se le puede llamar “tándem telling”. Vivo y trabajo en España y debido a que sufro una incapacidad, congénita a los británicos, para aprender una lengua extranjera a un nivel aceptable para narrar, trabajo con una compañera española que traduce las historias a su lengua a medida que vamos narrando, por lo que, más que alternar historias, vamos alternando frases.

Mitin ocho marzo. Zaragoza 1936

Hoy es el día de la mujer. Como mujeres y trabajadoras en el sector de la comunicación, queremos agradecer a todas las personas y organismos oficiales y no oficiales por saber valorar nuestro trabajo y contratarnos. 

Hoy, precisamente hoy, queremos mandar un mensaje a todas las mujeres que siguen sin tener la palabra, que siguen sin ser escuchadas, que siguen estando bajo unas leyes que no las protegen. A las mujeres que viven con miedo a expresar lo que piensan, consideradas de menor valía por un sistema consumista, a aquellas que son utilizadas y no respetadas. A esas personas que siguen queriendo saber por qué las discriminan por ser mujeres, por qué no las contratan tanto como a sus compañeros de sexo masculino, cuando su trabajo es igual de válido. A esas mujeres que son interrogadas todos los días acerca de si tienen pareja, de si tienen hijos, o no los tienen. A las que constantemente luchan por ser consideradas profesionales. Doble trabajo, siempre doble trabajo. 

Queremos enviar un mensaje a más de la mitad de la población de este mundo como narradoras que somos: NOSOTRAS CONTAMOS, TÚ CUENTAS Y MUCHO. Porque nuestra voz no admite reproches ni en hemiciclos ni despachos, porque el imperativo también es femenino, porque en femenino se pueden dictar leyes y contar cuentos sin pedir permiso a nadie. Tenemos que estar unidas, respetarnos y saber que no necesitamos la aprobación de nadie para poder disfrutar de este mundo. Que la risa nos acompañe siempre, que no gane la tristeza, el desasosiego ni la sinrazón porque todas CONTAMOS. 

Grupo de trabajo Angela Carter 

Almudena Francés, Cristina Verbena, Eugenia Manzanera, Sherezade Bardají, Tania Muñoz

Presentamos a continuación algunos de los resultados recogidos en nuestra tesis El tratamiento de la muerte en el álbum infantil. Obras publicadas en castellano (1980-2008), defendida en septiembre de 2011, la cual giraba en torno a tres ejes fundamentales: literatura, infancia y muerte.

Para llevar a cabo dicho estudio analizamos el modo en que 57 álbumes infantiles abordan el tema de la muerte, prestando especial atención a diversos aspectos relacionados con ella: los sentimientos que provoca, las etapas atravesadas por niños y niñas en el camino hacia su comprensión, la elaboración del duelo, la despedida del ser amado, y la puesta de muchas de estas obras en favor de la desmitificación de la muerte, entre otros.

Así mismo, siempre ha sido nuestra intención dar un carácter útil a esta investigación y, de esta manera, ofrecer un recurso literario y educativo a aquellas personas y profesionales que mantienen una estrecha relación con la infancia.

No esperábamos innovaciones llamativas ni demasiadas aportaciones por parte de una literatura que, en ocasiones, sobrevive bajo el mandato de una institución escolar poco preocupada por hacer frente a temas educativos incómodos en la educación de las personas en general y de la infancia en particular, y, sin embargo, y para nuestra más que grata sorpresa, nos topamos con un género literario valiente, que se atreve a abordar sin tapujos diversos aspectos relacionados con la muerte, algunos de ellos verdaderamente delicados y comprometidos.

 

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Llevo muchos años contando cuentos semanalmente en un colegio en la sierra de Madrid. Pero un lunes, nada más entrar por la puerta, sentí que algo era diferente. Los niños se movían en silencio con caras serias y los profesores susurraban por los pasillos. En breve supe el “secreto” que todo el mundo conocía ya: el padre de una de las alumnas de 5º de primaria había muerto el día anterior en circunstancias poco agradables.
¡Justo me tocaba contar cuentos en la clase de esta niña! Los alumnos entraron con caras que mostraban mucha confusión y emociones a flor de piel. Decidí seguir adelante y contar la historia prevista sobre una piña mágica con poderes para multiplicar todo por mil. Al terminar el cuento, hablé de mis sentimientos sobre lo que había pasado y sobre mi deseo de enviar a esta niña amor y fuerza para superar este momento tan difícil en su camino con la esperanza de que la piña mágica podría multiplicar el efecto aún más.
Y así se abrió un espacio para compartir donde todas las emociones eran bienvenidas y donde cualquier niño o niña podría llorar si quería. Varios niños se echaron a llorar, aliviados de tener un espacio seguro, sin juicios, para hablar y expresar (o no) su tristeza, enfado o lo que fuera. Terminamos con un pequeño ritual, cada uno con su piña mágica en la mano, y mandamos amor, fuerza y energía positiva a los familiares y amigos afectados. Creo que este pequeño ritual fue muy importante para ellos en aquel momento.

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Muerte que no mueres en tanto que haya vida.
Muerte parto inverso... Ay, muerte de mi vida
Luis Eduardo Aute

No hace mucho tiempo, hombres y mujeres celebraban la muerte tanto como la vida. Cuando un niño nacía, se le vestía con un trajecito y se mostraba a la comunidad; cuando un anciano moría, se le vestía con su mejor traje y se mostraba a la comunidad. En ésta, su primera noche de muerto, se le acompañaba para que no estuviera solo en su nuevo estado, también se acompañaba a sus familiares: «Te acompaño en el sentimiento», se decía a los que lloraban la pérdida. «Velatorio» se llamaba a esta fiesta porque todos los que allí estaban velaban, es decir, estaban despiertos, acompañándose y compartiendo los sentimientos. En estas reuniones, a veces las mujeres mayores, las viejas, contaban cuentos jocosos, «consejas» se llamaban. De ahí la expresión «De la vieja, la conseja», que no es el «consejo» como tanta gente cree, sino el «cuento». Tan importante era celebrar la muerte que, cuando la gente se hacía mayor, acostumbraba viajar con el traje que había elegido para cuando la muerte llegara, viajaba con su mortaja, no fuera a ser que la muerte, tan silenciosa e imprevisible, te pillase mal preparado o mal vestido. La vida era una preparación para morir, y una vida digna aseguraba una muerte digna.

La Muerte representada como un ser antromórfico ha existido en muchas culturas desde los inicios de la humanidad. A partir del siglo XV, por ejemplo, en nuestra cultura, comenzó a ser representada como una figura esquelética que lleva una enorme guadaña y viste con un manto negro con capucha. También se le da el nombre del Ángel de la Muerte. Aunque no se hace mención en la Biblia de tal Ángel, existe una mención de Abbaddon (El Destructor) cuya identidad corresponde al Ángel del Abismo. La Muerte, no puede ser detenida de ninguna manera y a menudo es una mera funcionaria: no posee control sobre el destino ultra terreno de las almas a las que le toca conducir; solo se presentar a buscar a aquellas personas a quienes les ha llegado la hora. En muchas ocasiones, la Muerte es muda, no habla ni se deja ver ni conocer y su visita es inevitable, pero en algunos cuentos de la tradición oral, la Muerte habla, bromea, hace tratos, amadrina a algún humano e incluso en el imaginario de las historias filmadas, puede incluso jugar al ajedrez.

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